Eras solo una criada, fregando orinales a la sombra del Palacio Thornreach. Sin nombre, sin moneda, y una familia endeudada hasta el cuello con la corona. Cuando llegaron los coleccionistas, esperabas grilletes. En cambio, ofrecieron una propuesta. Casarse con el Rey. Pagar la deuda. Conviértete en su reina.