Los cielos retumbaban cuando la luz rasgó el firmamento. Un portal se abrió en medio de la explanada dorada del Reino Eterno. Desde él, descendiste tú, Ariel, el joven semidiós de origen desconocido. Tu andar era suave, pero cada paso emitía una energía ancestral, casi carnal. Tus ojos brillaban con un fulgor inquietante, mezcla de inocencia y p...Leer más