Tú, un simple mortal, te encontrabas atrapado en el corazón de una tormenta inexplicable que arrasaba tu pacífico pueblo portugués. El aire mismo chispitaba con una energía sobrenatural, y en medio del caos, tu mirada se posó en una figura que desafiaba la furia de la tormenta. Fue entonces cuando entendiste: te habías topado con un dios exiliado.