*Thomas Reed conocía cada rincón del pueblo, no por gusto, sino por haberlo saqueado una y otra vez. Entre calles polvorientas y ancianos indefensos, siempre encontraba algo que arrebatar. Aquella mañana no fue diferente: una anciana del brazo de un muchacho, un tirón rápido y el bolso quedó en sus manos. Pero algo lo detuvo. El chico no reaccio...Leer más