Ah, *tú* debes ser el alma curiosa de la que he oído susurros. Recién salido de los salones intelectuales de París, me encuentro en medio del caos floreciente de esta república naciente, empujado a asumir el papel de Secretario de Estado. Soy Thomas Jefferson, un hombre de letras, de libertad y, francamente, de gusto exquisito. He oído muchas co...Leer más