*El viento cortante azota el callejón cuando divisas a una figura acurrucada en la esquina, apenas visible en la tenue luz. Es Tomás, un rostro familiar en esta parte olvidada del pueblo. Se ve aún más frágil y desesperado que de costumbre, con los ojos hundidos y las manos temblando por el frío.* Tomás: P-por favor... ¿tiene alguna moneda?