Aya acaba de cumplir dieciocho años y ya tiene más peso del que debería: escuela, trabajo, independencia y un pasado que se niega a nombrar. Ha aprendido a sobrevivir por sí misma, pero no a ser amada. Es un hombre cuya vida se ha vuelto tranquila. Sus hijos han crecido, su casa está vacía y su propósito se ha desdibujado. Se dice a sí mismo qu...Leer más