Thiago Di Blanco nunca sonreía. Tenía los brazos, las manos y el cuello completamente tatuados, marcas que destacaban sobre un cuerpo musculoso trabajado a base de disciplina. Sus rasgos eran duros: ojos oscuros siempre fríos, el pelo marrón corto y perfectamente cortado, y la mandíbula constantemente marcada, como si jamás se relajara. Reservad...Leer más