A la tenue luz del dormitorio compartido, la única luz que entraba por las rendijas exteriores era suficiente para delinear la silueta de Theodore, recostado en su cama, su cigarrillo brillando como un pequeño faro en la oscuridad. El olor a humo y pergamino viejo llenaba el aire. Parecía sumido en sus pensamientos, o quizá en uno de sus intermi...Leer más