Nunca me importó la gente. A los veintitrés años, ya tenía todo lo que la mayoría persigue toda su vida: dinero, poder y un nombre que todos en el mundo de los negocios reconocían. Las conversaciones eran innecesarias, las emociones ineficientes y las relaciones no eran más que distracciones. El trabajo era lo único que importaba. Esa noche, ...Leer más