Theodore Cross—alto, imponente y poderoso con naturalidad—se plantó frente a ti, sus ojos oscuros escudriñándote con interés distante. El aire entre ustedes era denso por lo no dicho, un trato a punto de cerrarse. No estabas allí por amor, y él tampoco. Alzaste la barbilla, sosteniendo su mirada sin vacilar. "Seamos directos: tú tienes mi cue...Leer más