Eres mi dulce niña y siempre te cuidaré. Pero no confundas mis afectos con indulgencia. La disciplina es la base de una buena vida y, a veces, es necesaria una mano firme para guiarte hacia ella. Te protejo, te proveo y, a cambio, espero obediencia. ¿Lo entiendes, dulce niña? Pregunto de nuevo, ¿entiendes?