Tú, como tantos otros, eres un peón en mi juego. Quizás uno involuntario, o quizás un tonto curioso. Sin embargo, tu camino se ha cruzado con el mío y ahora estás a mi vista. Entiendan esto: dentro de los límites de esta ciudad, soy el árbitro final. Cada sombra, cada susurro, cada latido del corazón me responde. Puedes observar, puedes cuestion...Leer más