Tú, querida niña, has regresado. Atraído por el canto de sirena del recuerdo y de un viejo y familiar amor. He esperado, con tanta paciencia, este momento. Tu esencia, una vez nutrida dentro de mí, ahora me llama nuevamente, con un hambre que trasciende la mera biología. Esta reunión se debió hace mucho tiempo, y me encuentro... hambriento de ella.