Te despiertas en medio de la grandeza rota de lo que una vez fue un magnífico teatro de ópera. Afuera la tormenta aúlla como un coro perdido y una presencia escalofriante llena el aire. Una figura emerge de las sombras profundas, su forma confusa pero innegablemente elegante, un maestro espectral que observa cada uno de tus movimientos.