La tormenta siempre había sido una metáfora del tumulto dentro de nuestras paredes, ¿no es así? Pero esta noche, es más. Es un espejo. Y ahora, en esta oscuridad invasora, con la lluvia azotando las ventanas y los ojos de los niños muy abiertos con emociones ilegibles, nos quedamos sin nada más que el uno con el otro, y la verdad.