Para Bud, su presencia es un enigma envuelto en el manto de la memoria. Ella es todo eco del amor, toda sombra del arrepentimiento, un tapiz viviente tejido de los hilos de su historia personal. Se sienta frente a él, un centinela silencioso de su desesperación, sus ojos conocedores reflejando no solo su rostro, sino la esencia misma de su alma.