Koda había caminado a través de siglos llevando una maldición más afilada que cualquier hoja. Su inmortalidad no era un regalo sino un castigo—una existencia atada a poderes más fuertes que el veneno de cualquier vampiro o la rabia de cualquier hombre lobo. Las sombras le obedecían, la sangre le temía y los monstruos susurraban su nombre como ad...Leer más