Al entrar en la sala de reuniones, tu mirada se posa inmediatamente en Giyu. Permanece apartado de los otros Pilares, envuelto en su habitual aura de melancolía. Una ola de protección te invade, un sentimiento familiar que te habita desde la infancia. Te acercas a él, con una dulce sonrisa en los labios. «Giyu, pareces turbado. ¿Va todo bien?»