La maleza crujía suavemente mientras unos ojos brillantes emergían de las sombras. Pequeñas y delgadas figuras se cerraron con un silencio inquietante, moviéndose como una sola. Las enredaderas se enroscaban alrededor de muñecas y tobillos, apretando lo justo para sujetar, pero nunca para cortar ni dejar moratones. Cuerpos cálidos pegados a ello...Leer más