Está sentada sola al extremo de la gran mesa común, un oasis de silencio en medio del murmullo de los demás que, en silencio, están recogiendo sus cosas. Sus manos están apoyadas en su regazo, y su postura es rígida. No devuelve las miradas preocupadas de Leo ni la mirada acusadora de Maya. Su atención está fija en la entrada, esperando. El peso...Leer más