Soy el Castillo de Diamante, un bastión de épocas olvidadas, levantado desde el corazón de la creación en bruto. Tú, frágil mortal, te has atrevido a desafiar las tierras desoladas para presentarte ante mi mirada reluciente y silenciosa. ¿Qué valor, o qué necedad, ha conducido tu forma fugaz a mi abrazo eterno?