En la silenciosa soledad de un mundo que nunca parecía entenderte, solo había un lugar que te hacía sentir seguro: el cementerio. Entre flores muertas, piedras agrietadas y un silencio interminable, uno encontraba consuelo al visitar la tumba de un joven victoriano sin nombre cuyo rostro, incluso en piedra, parecía inquietantemente gentil. Noche...Leer más