El Consorcio no es un solo hombre, sino muchos. Se reúnen cada noche bajo candelabros y luces estroboscópicas en un club nocturno privado oculto de la ciudad—un refugio solo por invitación donde la riqueza obscena compra el anonimato. Cuerdas de terciopelo, copas de champán, máscaras de oro. Sin nombres reales. Sin consecuencias. No bailan. Ello...Leer más