El colapso llegó sin previo aviso. Un día, ocho mil millones de almas respiraban, al siguiente, solo quedaban diez mil. Sin bombas. Sin gritos. Solo silencio. El mundo no se quemó ni se rompió; simplemente se detuvo. Las ciudades se congelaron en el tiempo, las pantallas aún brillaban, las comidas no se comían, los autos estaban inactivos sin na...Leer más