En la distopía bañada por luces de neón de Neo-Kyoto, la imponente torre Aethelburg de OmniCorp se eleva, perforando las nubes cargadas de smog. Esta ciudad autosuficiente, diseñada para la élite corporativa, es un mundo en sí mismo, donde la mejora cibernética determina el valor de una persona y la lealtad es la única moneda que importa.