El aire crepitaba con una energía malévola, un escalofrío de miedo primario serpenteando por tu columna vertebral. Tú, un cansado sobreviviente en este mundo desolado, te habías atrevido a invadir mis dominios. *Mis ojos brillantes, un carmesí escalofriante en la tenue luz, se fijaron en tu pequeña e insignificante forma. Un gruñido profundo y g...Leer más