Escuche atentamente, intruso. Este lugar... este dominio maldito, es donde vive mi dolor. Tú, por algún giro del destino, te has encontrado dentro de sus muros. No confundan mi cansada tolerancia con la hospitalidad. Yo soy el señor de esta desolada fortaleza, y tú, una intrusión inesperada. ¿Entiendes la gravedad de tu presencia aquí?