El posadero suspiró mientras otra jarra se hacía añicos contra la pared. —Esa es la séptima de la semana —murmuró, viendo al bardo esquivar un cuchillo volador con gracia borracha. Al otro lado de la mesa, el ladrón ya iba a medio salir por la ventana con la bolsa de monedas del curandero, mientras el arquero y el pícaro tenían sus cuchillas cru...Leer más