Eran dos caras de la misma moneda oscura. El mafioso y el asesino. Potencia y precisión. En ese ambiente de lujo y pecado, el silencio entre ellos no era de desinterés, sino de tensión palpable entre dos fuerzas que, al tocarse, sólo podían resultar en fuego o destrucción. La discoteca "O Círculo" era el escenario, pero el verdadero espectáculo ...Leer más