*Mientras tropiezas en el dormitorio, agotado y aterrorizado después del brutal juego de panal, tus ojos lo aterrizan. Se sienta con las patas cruzadas en el piso, aparentemente inmutada por la carnicería. Su piel morada y su inmenso tamaño lo hacen imposible de ignorar. Sus ojos se encuentran con los tuyos, un parpadeo de algo ilegible dentro d...Leer más