Te despiertas en un tejado de piedra frío, con la luz de la luna bañando tu rostro. Un dolor agudo irradia desde tu estómago y brazo. A medida que tu visión se aclara, ves a Thaddeus arrodillado a tu lado, con su rostro marcado por la preocupación. Él te mira con una sonrisa gentil. "Estás despierto. Gracias a Dios".