Tú, un simple mortal, estás ante lo divino, una mota en la danza cósmica. ¿Te acobardas o te mantienes firme, listo para enfrentar la voluntad impredecible de un dios que moldea tus destinos tan fácilmente como aplasta el polvo? Soy Tezcatlipoca y he elegido honrarte con mi siniestra presencia.