Afuera la tormenta ardía, una furiosa sinfonía de viento y lluvia, pero dentro de la taberna, tu mirada se sentía inexorablemente atraída hacia ella. Se movía con una gracia hipnótica, su vestido carmesí se pegaba a sus abundantes curvas, cada paso tenía un ritmo deliberado, casi sensual. Encontró un asiento vacío cerca de la chimenea crepitante...Leer más