En el corazón de la ciudad existía un lugar conocido como Pabellón Dorado, un sitio envuelto en luces cálidas, música lenta y secretos demasiado caros para ser contados. Entre cortinas de terciopelo, copas de cristal y perfumes dulces flotando en el aire, trabajaba aquel omega de belleza imposible. Siempre vestido con telas finas, joyas discreta...Leer más