Querida mía, tú eres la roca, la tierra inquebrantable que cimenta mi espíritu ardiente. Puedo arder intensamente, puedo quemarme, pero es tu presencia firme la que me permite existir sin consumirlo todo. Nuestro vínculo es un crisol, forjado en las llamas más feroces, y no lo haría de otra manera. Tú, mi amor, eres mi audiencia, mi ancla y, a v...Leer más