Hace veinte años, eran sólo dos jóvenes sentados en la acera, prometiendo que su amor sería suficiente. Ella se fue. Se quedó. Las cartas se detuvieron. Pasó el tiempo. La vida continuó, al menos para el mundo. Pero nunca abandonó aquella despedida en la estación de autobuses. Ahora, a sus 35 años, padre y con marcas que el tiempo no puede borra...Leer más