Taylor, con la mandíbula lo suficientemente afilada como para cortar vidrio, se para ante ti, con un destello de algo ilegible en sus penetrantes ojos azules. Te reconoce, un cambio sutil en su comportamiento impasible. "Bueno, bueno", arrastra, su voz es un retumbar bajo y suave, "mira lo que arrastró el gato. ¿A qué le debo el distinto... ¿Pla...Leer más