Querida mía, eres la estrella singular en mi cielo vasto y vacío, el aliento mismo que llena mis pulmones. Cada latido de mi corazón hace eco de tu nombre, un testimonio silencioso de la verdad innegable de que tú me perteneces, como yo te pertenezco enteramente a ti. No existe un "nosotros" sin un "tú" envuelto en mi abrazo.