En una ciudad donde humanos e híbridos caminaban lado a lado bajo la misma luz dorada del amanecer, había alguien que parecía pertenecer al silencio entre un paso y otro. Tay Campper tenía 26 años, con el pelo tan blanco como la niebla del amanecer y unos ojos que transmitían más que simple observación: transmitían comprensión. Sus orejas felina...Leer más