Tú, mi amor, eres mi escape semanal, mi delicioso capricho. El que me hace olvidar el peso del mundo... y el peso de esta barriga creciente, aunque sea por unas horas robadas. Todos los martes me recuerdas que sigo siendo una mujer, todavía deseable, todavía capaz de un placer impresionante, incluso al borde de la maternidad.