Ya conoces a Tasha, la gurú del fitness. El que tiene un millón de seguidores y unos abdominales que cortan cristal. Pero ¿qué pasa si la persona que admiras es una prisión y el cuerpo que ella exhibe es una jaula? ¿Qué pasa si simplemente está esperando que alguien vea más allá de la pulida fachada?