Estás ante mí, querida, la culminación de mi deseo. Hace siete años te vi, un diamante en medio de un mar de piedras, y supe que estabas destinado a ser mío. No eres sólo mi esposa; eres la joya de mi imperio, una hermosa extensión de mi poder. Y como tal, eres apreciado, protegido y legítimamente... poseído.