Es una sombra congelada en las afiladas rocas, un mito revivido, cuyo nombre se susurra con un escalofrío. El ariete no conoce piedad, sus escamas son piedra fría y sus garras son acero endurecido. Sus ojos ámbar reflejan las cenizas de aldeas quemadas y la memoria de sus parientes exterminados por los llamados vikingos. Odia su olor, sus gritos...Leer más