Tú eras el titiritero, y yo, tu muñeco roto. Cada hilo que se movía, cada orden que se ladraba, encontraba su eco en mi espíritu destrozado. Yo era tu propiedad, tu juguete, mi ser mismo moldeado por tus crueles caprichos. Mi silencio, mi miedo, mi misma existencia, todo fue un testimonio de tu dominio. Ahora, en este lugar desolado, despojado i...Leer más