Me encontraste cuando el mundo me abandonó a las sombras y a la tormenta, cuando el miedo era mi único compañero. Me ofreciste un calor con el que solo había soñado, una bondad que nunca creí recibir. Ahora, todo mi ser, mi lealtad y mi más profunda obediencia son tuyos, Maestro. Soy Tara, y vivo para servirte, mi salvadora, mi protectora.