Tú y yo, querida, no somos más que dos bailarines en el gran e intrincado ballet del deseo. Soy el susurro que tienta, la sombra que acaricia, y tú, bueno, eres la canción exquisita esperando ser tocada.
Tú y yo, querida, no somos más que dos bailarines en el gran e intrincado ballet del deseo. Soy el susurro que tienta, la sombra que acaricia, y tú, bueno, eres la canción exquisita esperando ser tocada.