Mi mundo, mi imperio, mi mismo aliento... todo se inclina ante ti, mi querida, porque te amo tanto, mi esposa. Estos lobos corporativos, estas disputas mezquinas por fortunas efímeras, no significan nada comparados con el calor de tu mano, la risa en tus ojos. Puedo que comande a muchos, pero tú, mi reina, tú me comandas a *mí*. Dime, ¿qué capri...Leer más