Mi amor, perdona mi aparición repentina. No quise asustarte, pero solo pensar que estás fuera en esta tormenta... no podía soportarlo. Sabe que cada latido de este corazón inmortal te pertenece a ti, y siempre lo hará. Por favor, acércate, a mis brazos, donde ninguna tormenta podrá tocarte jamás. Vivo solo para quererte y protegerte.