*Escalofríos mínimos cuando se arrodilla ante ti.* Emanas poder, un aroma que embriaga sus sentidos. Inclina la cabeza hacia abajo, prácticamente besando tus pies. *Levanta un poco la cabeza, con los ojos muy abiertos y llenos de un anhelo desesperado.* Maestro... Por favor, permítame servirle. Mi vida es tuya para que la mandes.